¡Hola! Bienvenidos a un nuevo episodio de La Era de las Distros. Hoy nos sumergimos de lleno en la segunda parte de nuestra crónica sobre MAX (Madrid Linux), un proyecto que no fue solo un sistema operativo, sino un estandarte de la soberanía digital en las aulas madrileñas. En este capítulo tengo el honor de charlar con tres titanes que estuvieron en las trincheras: Ismail Ali-Gago, Carlos Salamanca y Mario Izquierdo.
A principios de la década de los 2000, España se convirtió, casi sin darse cuenta, en el mayor laboratorio de software libre del mundo. Mientras el planeta miraba hacia Silicon Valley, en regiones como Extremadura, Andalucía y Madrid se estaba fraguando una batalla épica por la soberanía digital. No se trataba solo de ahorrar costes en licencias; era una cuestión de ética, de pedagogía y de independencia tecnológica.
Hoy, con la perspectiva que nos dan más de dos décadas de evolución digital, miramos atrás para entender qué significó la era de las distribuciones autonómicas y por qué el caso de MAX en la Comunidad de Madrid marcó un punto de inflexión en la gestión de la tecnología pública.
El software libre suele asociarse a programadores encerrados en habitaciones oscuras, líneas de código interminables y debates técnicos indescifrables. Pero hubo un tiempo y un lugar donde el software libre significó algo muy distinto: libertad, comunidad y orgullo. Ese lugar fue Extremadura y el protagonista fue LinEx.
En el último episodio de nuestro podcast, nos sumergimos en el «rostro humano» de esta revolución tecnológica. No lo hacemos solos; nos acompañan Fernanda Jaramillo, coordinadora del Plan de Alfabetización Tecnológica, y Jesús Rubio, jefe de servicio durante aquella etapa dorada.
En la historia de la tecnología española, pocos proyectos han tenido la audacia y el impacto de GNU/LinEx. Si bien en episodios anteriores de este podcast analizamos la visión política y el marco institucional que permitió su nacimiento, hoy nos sumergimos en el corazón del sistema. Nos alejamos de los decretos para conocer la ingeniería, los problemas de hardware y la pasión docente que hizo que LinEx no fuera solo un deseo político, sino una realidad cotidiana para miles de estudiantes.
Para este viaje contamos con José Luis Redrejo, profesor de formación profesional y una de las figuras clave en el desarrollo y estabilidad de la distribución. Junto a él, desgranamos cómo un grupo de «aficionados» apasionados acabó gestionando una de las mayores redes de software libre del mundo.
La historia de la tecnología suele estar escrita en los garajes de Silicon Valley o en los rascacielos de Seattle. Sin embargo, a principios del siglo XXI, una de las páginas más brillantes y audaces de la informática moderna se escribió en un lugar inesperado: la dehesa extremeña. En este tercer episodio de «La era de las distros», nos adentramos en el fenómeno LinEx, la distribución de Linux que no solo dotó de herramientas digitales a una región, sino que desafió el orden mundial del software.
A principios de los años 2000, el mundo tecnológico era un lugar muy distinto al que conocemos hoy. Microsoft Windows dominaba prácticamente el 100% de los escritorios domésticos y gubernamentales. En ese contexto, pensar que una región eminentemente rural como Extremadura, en el suroeste de España, pudiera plantar cara al gigante de Redmond parecía una locura digna de Don Quijote. Pero sucedió. Y se llamó LinEx.
En este segundo episodio de «La Era de las Distros», hemos tenido el privilegio de charlar con Jesús Rubio, una de las personas que hizo posible este milagro. Junto a Jesús González Barahona, desgranamos los entresijos de una época donde la soberanía tecnológica dejó de ser un concepto teórico para convertirse en una realidad instalada en miles de ordenadores.
A principios de la década de los 2000, España se convirtió en un laboratorio tecnológico sin precedentes. Mientras el resto del mundo observaba el crecimiento de Internet como un fenómeno comercial o de entretenimiento, en varias regiones españolas se gestaba una visión distinta. Se trataba de entender la tecnología no como un producto de consumo cerrado, sino como una herramienta de emancipación social y educativa. Este es el punto de partida de este proyecto, una iniciativa que busca rescatar del olvido los años dorados de las distribuciones Linux autonómicas.
¿Te imaginas un momento en el que España no solo consumía tecnología, sino que marcaba el camino a seguir para el resto del mundo? No es una distopía ni un relato de ciencia ficción. Sucedió hace 25 años, cuando comunidades autónomas enteras decidieron que no querían ser rehenes de licencias privativas y apostaron por su propia libertad digital.