Hubo un tiempo irrepetible en el que España no iba a remolque de la vanguardia tecnológica mundial, sino que marchaba en cabeza absoluta, con varios cuerpos de ventaja respecto a cualquier otra nación industrializada. Mucho antes de que los despachos de Bruselas acuñaran el término de soberanía digital en directivas comunitarias, y dos décadas antes de que la dependencia de gigantes corporativos extranjeros se percibiera como una amenaza geoestratégica, en nuestro país se gestó un movimiento social, cívico y técnico sin parangón.
A comienzos de los años dos mil, más de dos millones de ordenadores personales funcionaban en colegios, institutos, hospitales y centros de alfabetización ciudadana impulsados enteramente por sistemas operativos libres. Aquellos escritorios no dependían de costosas licencias foráneas ni de contratos opacos de mantenimiento: eran distribuciones de software libre concebidas, adaptadas, traducidas y empaquetadas en nuestro propio territorio. Nombres como LinEx en Extremadura, Guadalinex en Andalucía, LliureX en la Comunidad Valenciana o MAX en la Comunidad de Madrid no fueron meros experimentos de laboratorio, sino herramientas cotidianas de aprendizaje para millones de jóvenes.
Sin embargo, ese prodigio no nació por generación espontánea en los salones alfombrados de los ministerios ni surgió de la mente de consultores trajeados. La auténtica columna vertebral que hizo posible el milagro se forjó en la sombra durante los años noventa. Nació en habitaciones iluminadas únicamente por monitores de fósforo verde, en llamadas telefónicas intempestivas que hacían saltar por los aires los presupuestos familiares y en acaloradas discusiones de taberna frente a los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid.
Esta es la historia de Hispalinux, la Asociación de Usuarios Españoles de Linux, y de cómo un grupo de apenas dieciocho pioneros, que no tenían un duro en el banco ni cobraron jamás una cuota a sus asociados, acabó aglutinando a más de cinco mil socios para doblarle el pulso al monopolio del software privativo y situar a España en la cima del software libre planetario.










