En la historia de la informática española, solemos hablar de grandes hitos de hardware o de empresas que cruzaron fronteras. Sin embargo, existe una revolución silenciosa, una que no se gestó en despachos acristalados de la Castellana, sino en las aulas de Ciempozuelos, en los centros de formación del profesorado de Alcalá de Henares y en los pasillos de institutos públicos de toda la Comunidad de Madrid. Hablamos de MAX (Madrid Linux), pero sobre todo, hablamos de la comunidad humana que la hizo posible.
Este episodio de La Era de las Distros no es solo una mirada al pasado; es una lección de presente sobre qué significa realmente la soberanía tecnológica cuando se pone al servicio de la educación.






