La Era de las Distros

El podcast sobre la historia de las distribuciones Linux en España contada por sus protagonistas.

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El milagro de actualizar 700.000 Linux en Navidad. Secretos técnicos de Guadalinex

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En la historia de la tecnología de consumo y de la administración pública, tendemos a fijar la mirada en los grandes centros de innovación de Silicon Valley, Seattle o las grandes capitales de Asia y Europa. Pocas veces reparamos en que las revoluciones tecnológicas más profundas, aquellas que impactan directamente en el día a día de millones de personas y que sientan cátedra sobre lo que es posible hacer con el software, nacen a veces en lugares inesperados. A principios de la década de 2000, en el sur de España, se fraguó uno de los hitos de soberanía digital más importantes de la historia informática reciente: el desarrollo y despliegue masivo de Guadalinex, la distribución autonómica de Andalucía basada en Linux.

La idea de una distribución de Linux respaldada por una administración pública no era del todo nueva. La vecina región de Extremadura ya había abierto la veda con Linex, un proyecto valiente que demostró que el software libre no era una mera utopía de hackers de dormitorio, sino una herramienta de transformación social lista para el ámbito gubernamental. Sin embargo, lo que aconteció en Andalucía llevó el concepto de las distribuciones autonómicas a una escala técnica y organizativa sin precedentes en el mundo hispanohablante.

Hablar de Guadalinex no es solo hablar de un sistema operativo alternativo o de un fondo de pantalla con motivos regionales. Es hablar de una obra de ingeniería pública que llegó a conectar, actualizar y mantener de forma centralizada una red de cerca de setecientos mil ordenadores escolares. Todo ello con un equipo humano asombrosamente reducido y una filosofía de gestión proactiva que resolvió problemas de gran envergadura mucho antes de que se convirtieran en habituales en el sector empresarial. Acompáñame en este recorrido detallado por la historia, los secretos técnicos y las lecciones humanas de este gigante del código abierto.

El contexto de 2003: La encrucijada de las licencias y la inviabilidad económica

Para entender la magnitud de la apuesta por Guadalinex, es obligatorio viajar en el tiempo hasta el año 2003. En aquel entonces, internet comenzaba a dar sus primeros pasos serios en los hogares españoles y las aulas escolares. La administración pública andaluza se enfrentaba a una decisión crucial: cómo modernizar el sistema educativo y digitalizar los centros de primaria y secundaria para preparar a las futuras generaciones.

La respuesta convencional de la época consistía en seguir la corriente del mercado privado: adquirir ordenadores con licencias de sistemas operativos propietarios y paquetes ofimáticos de las grandes firmas de software estadounidense. Sin embargo, cuando los responsables de la Consejería de Educación se sentaron a hacer números, se toparon con una pared matemática infranqueable. Multiplicar el coste de una sola licencia comercial de sistema operativo y una suite de productividad por cientos de miles de alumnos y profesores arrojaba cifras astronómicas. La financiación pública simplemente no daba para tanto.

Ante esta situación, los representantes de la administración se pusieron en contacto con la multinacional dominante del mercado de software para proponer un acuerdo de colaboración que permitiese rebajar drásticamente las tarifas ante la inminente compra de miles de equipos. La respuesta de la corporación no fue la adecuada para las necesidades de la comunidad, negándose a ofrecer condiciones viables. Fue en ese momento cuando la Consejería de Educación decidió tomar el camino de la independencia tecnológica. Tras analizar detenidamente las alternativas, los técnicos de la junta identificaron que el ecosistema de Linux —que por entonces contaba con distribuciones aún muy primitivas como las primeras versiones de Red Hat— tenía la madurez potencial suficiente para sostener un proyecto de esta envergadura. Había nacido la semilla de Guadalinex.

El primer gran paso: Desplegando hardware sin ataduras monopólicas

Uno de los primeros y más complejos obstáculos que tuvo que sortear el equipo de desarrollo no fue de carácter de software, sino comercial y de distribución de hardware. En el año 2003, la inmensa mayoría de los grandes fabricantes de ordenadores personales tenían firmados contratos de exclusividad y preinstalación obligatoria con el gigante de los sistemas propietarios. Comprar un lote masivo de ordenadores vacíos, es decir, con el disco duro limpio y sin pagar la correspondiente licencia del sistema operativo comercial, era una tarea titánica.

La Consejería de Educación lanzó un pliego de condiciones muy riguroso para la compra de un primer lote de dieciséis mil ordenadores. Las especificaciones no solo eran elevadas a nivel de rendimiento físico, sino que exigían expresamente que las máquinas se entregasen únicamente con el hardware, sin licencias de software añadidas. Las marcas tradicionales intentaron convencer a la administración de que era imposible vender los terminales bajo esas condiciones aduciendo pactos comerciales de distribución previos.

Lejos de rendirse, el equipo andaluz comenzó a explorar alternativas y a negociar con empresas fuera del mercado europeo tradicional. Finalmente, se localizaron proveedores dispuestos a romper con las ataduras del mercado y suministrar los terminales limpios. Compañías de renombre como Toshiba tuvieron que entablar conversaciones directas a alto nivel para desbloquear la operación y evitar que se frustrase un contrato de gran envergadura. Este hito demostró que la administración pública tenía el poder de cambiar las reglas de juego del mercado del hardware si mantenía una postura firme en defensa del dinero público y de sus pliegues técnicos.

Los Centros TIC: Mucho más que repartir ordenadores

El verdadero acierto de la estrategia andaluza fue entender que la digitalización no consiste en apilar ordenadores en una clase y esperar que el milagro de la educación ocurra por sí solo. El proyecto se estructuró en torno al concepto de Centro TIC, un modelo que abordaba la modernización de los colegios desde una perspectiva completamente integral.

Cuando un centro educativo ganaba el concurso para convertirse en Centro TIC, la Consejería no se limitaba a enviar cajas con portátiles. El colegio se sometía a una profunda obra de reforma de ingeniería civil y eléctrica. En primer lugar, se electrificaban las aulas. Las instalaciones eléctricas de la época estaban diseñadas únicamente para alimentar un par de bombillas y, como mucho, un proyector de diapositivas. Conectar repentinamente treinta ordenadores en un aula habría provocado sobrecargas continuas en la red eléctrica del centro. Por tanto, cada aula recibía un reacondicionamiento eléctrico de alta seguridad.

En segundo lugar, se dotaba a los centros de una red local potente. En los inicios del proyecto, la conectividad exterior a internet era extremadamente precaria. Los colegios contaban habitualmente con dobles líneas ADSL que ofrecían la tímida velocidad de 128 kilobits por segundo (kbps) compartida para todo el alumnado. Si treinta alumnos intentaban cargar simultáneamente una página web externa, la red se saturaba de inmediato. Para resolver este cuello de botella, el equipo técnico diseñó una solución sumamente astuta: cada Centro TIC contaba con un servidor local interno en el que se almacenaban los contenidos educativos, las aplicaciones de uso frecuente y las bases de datos. De esta forma, el tráfico más pesado se realizaba dentro de la red local del centro a velocidades muy superiores, reservando la conexión exterior de 128 kbps únicamente para consultas estrictamente necesarias.

De Red Hat a Ubuntu: La evolución técnica de la distribución

A nivel de sistema operativo, la evolución de Guadalinex fue un reflejo de la propia maduración del software libre en el plano internacional. La primera versión del sistema se desarrolló partiendo de una base de Red Hat, una de las pocas opciones corporativas viables en el cambio de siglo. Sin embargo, a medida que el proyecto crecía y las necesidades de los centros se volvían más específicas, la distribución andaluza encontró en Ubuntu —la célebre distribución de la empresa Canonical fundada por Mark Shuttleworth— el aliado técnico ideal.

El equipo de desarrollo sincronizó los lanzamientos de Guadalinex con el calendario escolar. Aprovechando que Ubuntu publica sus versiones principales en abril y octubre, los técnicos de la Consejería coordinaban el desarrollo de Guadalinex para preparar una versión estable y depurada que se instalaba en los nuevos equipos destinados a distribuirse en septiembre, al inicio del curso. Posteriormente, en primavera, se realizaba una revisión secundaria para introducir parches y mejoras de rendimiento.

Con el tiempo, Guadalinex dejó de ser un sistema operativo genérico para convertirse en una herramienta pedagógica a medida. El equipo de desarrollo llegó a empaquetar y mantener más de cien aplicaciones de software educativo específicas, adaptadas para diferentes niveles académicos, desde la educación infantil hasta el bachillerato. Programas de geometría, editores de audio, suites de oficina accesibles y herramientas de diseño gráfico se integraban de manera nativa y transparente en el sistema, asegurando que los docentes dispusieran de todo lo necesario desde el primer arranque de la máquina.

El corazón de la red: El Centro de Gestión Avanzado (CGA)

Si el sistema operativo era el cerebro de Guadalinex, el CGA (Centro de Gestión Avanzado) era su corazón y su sistema nervioso central. Fundado en el caluroso verano de 2003, este organismo nació de una necesidad operativa insoslayable: ¿cómo se puede gestionar una red que crecía de cincuenta centros a tres mil, albergando en su seno cientos de miles de ordenadores individuales?

La respuesta habitual del mercado corporativo habría sido contratar un gigantesco equipo de soporte técnico con delegaciones en cada provincia, lo que habría disparado los costes de mantenimiento anuales a niveles insostenibles. En su lugar, el CGA optó por la automatización y la gestión remota inteligente. El centro de operaciones se diseñó bajo una filosofía puramente proactiva. En lugar de reaccionar cuando un colegio reportaba una avería, los sistemas del CGA monitorizaban constantemente el estado de los servidores locales y los terminales de cada aula andaluza.

El equipo humano del CGA, que en sus años de mayor esplendor apenas superaba las cincuenta personas, se encargaba de supervisar de forma unificada toda la red andaluza. Si se detectaba una incidencia técnica en un centro concreto, el equipo desarrollaba una solución o un parche, lo probaba en sus laboratorios y, una vez verificado, lo replicaba de forma automatizada a todos los colegios que compartían la misma configuración. Este nivel de eficiencia convirtió al CGA en un referente de administración de sistemas a nivel mundial, despertando el interés de delegaciones gubernamentales de diversos países europeos, latinoamericanos y del norte de África que viajaron a Andalucía para estudiar este milagro organizativo.

El milagro de Navidad: La gran migración remota de ext2 a ext3

Uno de los episodios más célebres y que mejor ilustran la audacia técnica del equipo de Guadalinex es el bautizado como el milagro de Navidad. En las primeras fases de despliegue de Guadalinex Edu, el sistema se instaló empleando el formato de archivos ext2. En aquel entonces, ext2 era el formato estándar por defecto en la mayoría de las distribuciones Linux por su buen rendimiento físico en discos de baja capacidad. Sin embargo, ext2 arrastraba una grave debilidad de diseño para entornos críticos: la ausencia de registro por diario (journaling).

En una escuela repleta de niños y adolescentes, el apagado correcto del ordenador es una utopía. El alumnado tendía a apagar los portátiles cerrando la tapa repentinamente, manteniendo presionado el botón de encendido o directamente desconectando la alimentación eléctrica. Sin un sistema de registro por diario, estos apagados forzosos provocaban una corrupción constante en las tablas de archivos del disco duro. Al encender la máquina al día siguiente, el sistema detectaba la inconsistencia y lanzaba de forma obligatoria el comando de verificación fsck, que requería la intervención manual de un técnico o de un docente con conocimientos de consola para poder arrancar el escritorio.

El colapso de las aulas por sistemas colgados era inminente. El equipo técnico identificó que la única solución viable era migrar toda la base de ordenadores al sistema de archivos ext3, que incorporaba journaling y permitía recuperarse de los cortes de energía en cuestión de segundos de forma completamente automática. Pero, ¿cómo realizar esta delicada conversión de formato en cientos de miles de discos duros distribuidos por toda Andalucía sin obligar a los técnicos a desplazarse físicamente centro por centro?

La respuesta fue una maniobra de administración de sistemas que rozó la épica. El equipo técnico aprovechó las vacaciones escolares de Navidad, un periodo de aproximadamente dos semanas en el que las aulas estaban completamente vacías pero los servidores y las redes de comunicaciones seguían en funcionamiento. Desde las oficinas del CGA, los ingenieros programaron un script automatizado que envió la actualización de forma remota a cada uno de los servidores de centro. Por las noches, el sistema despertaba automáticamente a los portátiles de las aulas mediante órdenes de red, realizaba la conversión del formato del disco duro de ext2 a ext3 de forma no destructiva, verificaba la integridad de los datos y volvía a apagar el terminal.

Fue una quincena de enorme tensión técnica en la que los responsables del proyecto apenas durmieron, conscientes de que un solo error de código en el script de migración podría haber inutilizado miles de ordenadores en toda la región justo antes del inicio de las clases de enero. Sin embargo, el script funcionó con precisión quirúrgica. Tras las fiestas de Reyes, los profesores y estudiantes volvieron a las aulas sin percatarse de que sus sistemas operativos habían sufrido una profunda actualización estructural en remoto. El número de incidencias por discos corrompidos cayó prácticamente a cero de la noche a la mañana.

Logística de trinchera: El hardware diseñado para el entorno escolar

El despliegue de Guadalinex no solo se centró en la innovación de software; también obligó a redefinir los estándares físicos de los ordenadores portátiles de uso institucional. El aula de un colegio público de primaria o secundaria es un entorno hostil para cualquier dispositivo electrónico. El polvo, los traslados diarios, los tirones de cables y las caídas accidentales forman parte de la rutina diaria.

El equipo de informática educativa introdujo en los pliegos de contratación de hardware condiciones muy severas de resistencia que en su momento parecieron descabelladas a los fabricantes. Una de las pruebas de homologación consistía en que el ordenador portátil debía ser capaz de soportar una caída libre desde un metro de altura sobre una superficie dura sin que el disco duro se quebrase o la pantalla sufriese daños que impidiesen su funcionamiento.

Asimismo, se exigieron baterías sobredimensionadas que ofreciesen una autonomía real de doce horas continuadas de trabajo, evitando que el alumnado tuviera que depender constantemente de cables de alimentación cruzando el suelo de la clase, lo que habría provocado un riesgo evidente de tropiezos. Para albergar estos terminales de forma segura, la Consejería diseñó unos carritos de carga móviles con bahías de conexión integradas. Al finalizar la jornada escolar, los portátiles se ordenaban en las bahías del carro, el cual se conectaba a la toma de corriente para recargar las baterías durante la noche de forma segura y centralizada.

A esta compleja ecuación logística se sumó la llegada de las pizarras digitales interactivas. En el mercado de la época existían principalmente dos grandes fabricantes de pizarras con tecnologías incompatibles entre sí y basadas en software propietario cerrado. En lugar de doblegarse a los estándares comerciales, los ingenieros de Guadalinex negociaron con los fabricantes y los obligaron a suministrar y colaborar en el desarrollo de controladores compatibles con Linux, distribuyendo la cuota de compra de manera equilibrada para evitar el monopolio y garantizar que cualquier aula andaluza funcionase bajo el mismo entorno tecnológico unificado.

La expansión del modelo y el choque judicial con la concertada

Con el rotundo éxito del modelo en los institutos de secundaria, el proyecto se enfrentó a un intenso debate interno sobre sus límites de escalabilidad. Inicialmente, las directrices de la Consejería limitaban las innovaciones tecnológicas al ámbito de la educación secundaria, considerando que los centros de primaria eran demasiado numerosos para ser gestionados de forma viable.

Sin embargo, a partir de 2009, con Rafael García Rivas al frente del Servicio de Innovación, la administración decidió romper con esta frontera artificial. Se defendió con firmeza la premisa de que los centros de primaria y las escuelas de educación de personas adultas no debían ser marginados de los beneficios de la soberanía digital y del soporte unificado del CGA. Poco a poco, el ámbito de Guadalinex se expandió hasta cubrir la práctica totalidad de la enseñanza pública andaluza.

Esta decidida apuesta por la educación pública provocó recelos en otros sectores del ámbito educativo. En el año 2013, coincidiendo con el desarrollo del gran proyecto de infraestructura de telecomunicaciones, la patronal de la enseñanza privada concertada interpuso una sonada demanda judicial directamente contra Rafael García Rivas, acusándolo de discriminación en el reparto de las inversiones públicas en materia de conectividad y equipamiento tecnológico.

El proceso judicial supuso un momento de gran tensión personal e institucional. Sin embargo, la resolución del caso demostró la solidez de la gestión pública del proyecto. Ante el juez, la defensa de la administración demostró que la inversión en los centros públicos se realizaba sobre proyectos de ingeniería civil y redes de los cuales el gobierno tenía la propiedad, los planos de construcción y el control técnico absoluto. Resultaba técnicamente inviable e irresponsable destinar dinero público a reformar infraestructuras y redes en edificios propiedad de entidades privadas sobre las cuales la administración no poseía ningún control técnico ni garantías de reversibilidad. El juez asimiló plenamente la solidez de esta argumentación técnica y el caso fue sobreseído definitivamente.

El salto de velocidad: De la precariedad de las redes a la fibra del giga

La maduración técnica de Guadalinex coincidió con un hito que transformó para siempre el panorama de las telecomunicaciones en el sur de España. Hacia los años 2013 y 2014, la Consejería de Educación detectó que los antiguos esquemas de red con servidores locales se estaban quedando obsoletos ante la eclosión de los servicios web interactivos y la necesidad de una conexión fluida y constante a internet.

La administración andaluza diseñó una ambiciosa licitación pública con un presupuesto de salida de sesenta y tres millones de euros para llevar conexiones de fibra óptica de alta velocidad a más de cuatro mil centros educativos públicos de toda Andalucía. La licitación atrajo el interés de las principales firmas de telecomunicaciones del país. Finalmente, la multinacional Telefónica se adjudicó el contrato tras realizar una rebaja sustancial en su oferta económica, situándola en torno a los cuarenta y cinco millones de euros.

El pliego de condiciones de este contrato obligaba a garantizar una velocidad de conexión de un giga por centro educativo, asegurando además un caudal mínimo de navegación de dos megabytes por segundo para cada usuario individual de forma simultánea dentro del aula. Este colosal despliegue de infraestructura no solo situó a las escuelas andaluzas a la vanguardia de la conectividad escolar a nivel europeo, superando ampliamente a países de gran tradición tecnológica, sino que funcionó como un motor de desarrollo industrial para toda la región.

Para cumplir con el contrato, la compañía adjudicataria tuvo que desplegar kilómetros de cableado de fibra óptica por las zonas rurales, pueblos y ciudades andaluzas. Este despliegue facilitó que, de forma indirecta, miles de ayuntamientos, centros de salud, bibliotecas públicas y empresas locales tuvieran acceso a la banda ancha de alta velocidad años antes de lo previsto gracias al acicate de la inversión educativa pública. Años más tarde, durante la crisis sanitaria de la pandemia de 2020, esta robusta red de fibra permitió que el alumnado andaluz pudiese continuar con sus tareas formativas y clases no presenciales de manera notablemente fluida desde sus hogares, cosechando los frutos de una inversión de infraestructura visionaria sembrada casi una década antes.

El cambio de ciclo político de 2018 y el fin de una era

La historia de Guadalinex, sin embargo, no tiene un final feliz en el plano de la continuidad tecnológica. Tras quince años de hegemonía del software libre en las aulas andaluzas, el cambio de ciclo político que experimentó el gobierno de la Junta de Andalucía a finales de 2018 supuso un giro radical de ciento ochenta grados en la estrategia digital de la comunidad.

La nueva dirección de la Consejería de Educación decidió paulatinamente abandonar la senda del software libre y de la distribución propia, inclinando la balanza hacia la adquisición de licencias de software propietario y la adopción de ecosistemas cerrados basados en la nube y controlados por grandes multinacionales de la tecnología. El argumento oficial se centró en la necesidad de que los alumnos se formasen en las herramientas propietarias más habituales en el mercado laboral privado, ignorando el valor que aportaba la soberanía digital y el desarrollo técnico local.

Este cambio de rumbo conllevó consecuencias drásticas para la infraestructura pública. El CGA, el centro de gestión centralizado que con tanto celo y eficiencia había administrado la inmensa red escolar, fue desmantelado paulatinamente. El soporte de cercanía y personalizado que los centros educativos valoraban tan positivamente desapareció, dejando a los docentes desamparados ante incidencias técnicas que antes se resolvían en cuestión de horas desde la consola del CGA de manera remota.

La marca Guadalinex se abandonó oficialmente en los nuevos equipamientos escolares, siendo sustituida por una distribución menor denominada Educandos, que carecía de la infraestructura de soporte y del alma técnica de su predecesora. En la actualidad, el uso de Linux en las aulas andaluzas ha quedado relegado casi de forma exclusiva a los ciclos formativos de especialización informática en educación secundaria, donde los propios profesores y alumnos se encargan de su mantenimiento de forma aislada, mientras que el grueso de la educación obligatoria ha retornado a la dependencia de las licencias de pago y los sistemas propietarios comerciales.

Lecciones para el futuro: El verdadero orden de los factores en la digitalización

Al echar la vista atrás y analizar con perspectiva histórica el auge y la caída del proyecto Guadalinex, los responsables y artífices de este titánico despliegue tecnológico nos dejan un legado de autocrítica y lucidez sumamente valioso para cualquier administración pública del siglo XXI que pretenda emprender un proceso de modernización digital.

Si tuviéramos que volver al año 2003 y arrancar el proyecto desde cero con los conocimientos adquiridos hoy en día, el orden de prioridades de la inversión pública debería ser drásticamente diferente al que se adoptó en su momento. La experiencia andaluza demostró que la digitalización no debe comenzar nunca por la compra y el reparto masivo de hardware.

La jerarquía del éxito en la modernización tecnológica de las aulas responde a una regla de tres muy clara:

  • Primer nivel (La Conectividad): De nada sirve dotar a un alumno de un excelente ordenador portátil si, al intentar salir a la red a investigar, la puerta de enlace está bloqueada o la conexión es tan lenta que frustra la experiencia educativa de inmediato. La infraestructura de red y las telecomunicaciones deben ser la base sólida e inicial del proyecto.
  • Segundo nivel (La Capacitación): No se puede enviar una caja de herramientas avanzadas a una persona que no ha recibido formación sobre cómo utilizar un destornillador. El profesorado es la pieza clave del engranaje educativo. Si los docentes no reciben una formación continua, paciente y cercana sobre las ventajas didácticas de las nuevas herramientas, tenderán por inercia y miedo a arrinconar el nuevo equipamiento o a forzar el uso de sistemas que les resulten familiares, malogrando la inversión pública.
  • Tercer nivel (El Equipamiento): El hardware físico debe ser siempre el último paso de la cadena. El reparto masivo de dispositivos portátiles (como ocurrió en su momento con la entrega directa de los célebres netbooks a los alumnos de quinto y sexto de primaria) demostró ser un error estratégico. Al regalar un equipo financiado íntegramente con dinero público sin exigir una contrapartida de responsabilidad ni un control riguroso de su mantenimiento a las familias y al propio centro, se devaluó el valor de la tecnología, traduciéndose en una tasa elevada de dispositivos arrinconados o dañados por falta de celo en su conservación.

Conclusión: El legado de un hito tecnológico andaluz

El recorrido histórico de Guadalinex nos demuestra que, durante más de quince años, Andalucía fue un faro global de innovación tecnológica y de soberanía digital. El proyecto evidenció ante la comunidad internacional que el software libre no era una mera alternativa para entusiastas del código, sino un ecosistema sumamente maduro, seguro y robusto, capaz de sostener con un éxito incontestable una de las mayores redes de ordenadores en el plano educativo mundial.

La experiencia andaluza nos deja el entrañable recuerdo de una época en la que la administración pública, los técnicos de sistemas, los docentes y la comunidad de desarrollo remaron en la misma dirección, impulsados por el orgullo de estar construyendo algo propio, independiente de presiones corporativas externas y diseñado estrictamente para el beneficio común. El descubrimiento fortuito del software libre por parte de pioneros como Paco Silveira en los pasillos de la Consejería demostró que una sola idea, defendida con tesón y rigor técnico, puede desencadenar una hermosa y silenciosa revolución tecnológica que merece ser rescatada del olvido y recordada con el orgullo que se merece.


Enlaces y referencias recomendadas para ampliar la información


Participantes:

  • Rafael García Rivas.
  • Juan Conde. Entonces Gabinete de Software Libre en la Consejería de Innovación Ciencia y Empresa, ahora jubilado.
  • Alfonso de Cala. Entonces Jefe de Área de Software Libre en la Sociedad para el Desarrollo de la Sociedad de la Información
  • Jesús González-Barahona. Catedrático del área de Ingeniería Telemática en la Universidad Rey Juan Carlos (Móstoles, Madrid).
  • Lorenzo Carbonell.

Música:

Discovery by Scott Buckleyreleased under CC-BY 4.0. www.scottbuckley.com.au

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